3.8.05

De ciertos efectos de la posmodernidad y el individualismo

Son una ayuda invaluable. Ellas permiten que la señora ama de casa trabaje fuera del hogar, visite familiares, salga con las amigas o tome sus ratos de descanso. Hablamos de... ¡Las nanas! -y una que otra sirvienta, como no-. Son valiosas, pero... ¿Trabajan más que las mamás?
¿Qué es una nana? Es la persona a la cual se le atribuye un salario por responsabilizarse del cuidado de uno o varios niños. Lo anterior es sumamente entendible debido a los innumerables pretextos y quejas que escuchamos de algunas mujeres como: ¡Estoy agotada!, ¡ya no aguanto a los niños!... Estas y muchas otras expresiones similares escuchamos todos los días como algo natural. Existen otros tipos de nanas a las cuales ni siquiera les es reconocida o recompensada su labor: el hermanito o la hermanita mayor, los sobrinos, los tíos o los familiares que se hacen cargo del cuidado y entretenimiento de los pequeños.
Cabe aclarar que el contar con una persona que ayude en esta función no es nada reprobable, sino muy bueno, ya que facilita el cumplimiento de todas las demás tareas, como ser esposas, amas de casa e incluso cumplir con un trabajo profesional fuera de casa. El problema viene cuando estas mujeres pierden el punto de equilibrio. El ser madre y padre, como vocación, es responsabilizarse de la formación y educación de los hijos, y eso cuesta tiempo y esfuerzo.
En una página de internet encontré una relación muy interesante -estilo Run Lola Run- de la misma tarde vista con diferentes puntos de vista. La adjunto textual:
Una tarde con Rosa. Rosa tiene una invitación a una piñata. Se organiza para que todo salga bien, le pide a la nana que arregle a los niños con esmero, sin perder detalle; moños, zapatos limpios, etc., porque ella (Rosa) tiene que arreglarse también, pues ahí verá a sus comadres. Al llegar a la fiesta, como buena madre, hace las recomendaciones pertinentes: Nana, siéntate con los niños a ver el payaso, juega con ellos, pásalos a que le peguen a la piñata, te fijas que merienden bien y que no se vayan a caer. Rosa se retira a platicar con sus amigas. Claro que de vez en cuando da una miradita a sus hijos, asegurándose de que todo marche bien.
Al llegar a su casa le pide a la nana: "Nanis, estoy agotada, por favor baña a los niños, ponles sus pijamas y eso sí, asegúrate de que hagan sus oraciones. Yo todavía tengo un compromiso al que debo acompañar a mi esposo y necesito descansar un poco..."
Una tarde con Teresa. Teresa tiene un estilo de ser mamá bastante parecido al de Rosa, sólo que ella se siente más al pendiente de sus hijos porque les dedica mayor tiempo y los acompaña a más actividades. Ella tiene compromisos dos veces por semana con sus amigas, más una tarde para ver a las tías. Tere es la que siempre tiene la iniciativa de que sus salidas sean combinadas con diversión para sus hijos. Propone que cuando se reúnen las amigas o comadres sea de vez en cuando, en un lugar donde puedan pasar el rato con ellos: parques, patinaderos, etc. Sin embargo es la misma historia: las nanas atienden a los niños y Tere y las otras mamás no pierden detalle de la plática.
Lo curioso es que ella también llega agotada de llevar a sus hijos al cine, parque infantil o donde hayan ido, como si hubiera hecho todo lo que la nana se ingenió para que los niños estuvieran entretenidos, contentos y sin molestar.
Una tarde con Margarita. Es una mujer tranquila a la que le gusta estar en su casa, pero eso sí... ¡en perfecta paz! Tiene una buena nana entrenada para alimentar, vestir, entretener y divertir a sus hijos. Como si eso fuera poco para la nana, a Margarita le gusta tener invitados para que sus hijos la pasen bien y acompañados. Lo único que pide es que no estén encima de ella, sino a una distancia prudente que no perturbe su paz. Extrañamente, Margarita también termina agotada y al llegar su marido, su queja es: "Tuve una tarde de locos, vinieron invitados de los niños ¡y armaron un escándalo!, ¿te imaginas?" (jajajaja, conozco varias que, aún sin estar casadas son así).
Una tarde con Martha. Martha es muy activa, tiene mil compromisos fuera de su casa. Se ocupa por todos los problemas de nuestra sociedad. Da su tiempo a los pobres, enfermos y desvalidos. Es una gran mujer. Tiene tres hijos a quienes tiene que dejar con la nana para cumplir con sus compromisos de beneficencia. Todo esto es muy loable, digno de admiración, pero, ¿y sus hijos?, ¿les da la misma importancia que a todas sus buenas obras? Generalmente no tiene tiempo de ocuparse de ellos y la nana, que es una maravilla, se encarga de los niños. Llega de sus actividades cansada y lo que quiere es ver orden en su casa. Que los niños ya hayan cenado y que sólo les falte el besito de las buenas noches.
¿No merecen ellos más tiempo y atención de su mamá? ¿No son su primera y principal obligación?
Una tarde con Fernanda. Es una mujer que tiene que trabajar para satisfacer las necesidades del hogar. También ella se preocupa en extremo sobre la selección de la persona que se hará cargo de sus hijos durante el tiempo que está en el trabajo. Vamos a entrar en este hogar. Por la mañana, la nana se encarga de que los niños vayan bien vestidos, que tengan un buen desayuno y que estén listos para cuando los recoja el transporte escolar. Fernanda no los lleva, porque no sabe qué clase de día le espera en el trabajo y tiene que descansar hasta el último minuto. Al mediodía, los niños deberán haber comido antes de que Fernanda llegue para así poder comer tranquila y a gusto.
Ella les promete: Luego me cuentan cómo les fue, ahora tengo mucha prisa. Antes de volver al trabajo aconseja a la nana y a los niños: Hagan su tarea, no peleen, pórtense muy bien, corazoncitos, y añade: vigílalos, nana, ¿sí? A su regreso por la tarde, viene tan cansada que no tiene cabeza ni ánimo para escuchar todo lo que los niños hubiesen querido platicar: lo que pasó en la escuela con el maestro, con el amiguito, sus logros o fracasos.
Fernanda es muy cariñosa, siempre les habla a sus hijos con palabras melosas y amorosas para recompensarlos por el tiempo y la atención que a los niños les roba el trabajo, ¡pero no le pidan más! Fernanda está convencida de que el tiempo que se da a los hijos no debe ser en cantidad sino en calidad (afirmación que tiene sus reservas). Prefiere que la vean de buen humor y no cansada y de malas.
Los fines de semana distribuye su tiempo entre llevar a los niños a casa de sus abuelitos o centros de diversión. Para ir de compras, prefiere hacerlo sola, ya que es más rápido y cómodo. (la gran mayoría se ha vuelto así, creo). También, ¡claro!, es importante disponer de un buen espacio de tiempo para ella y así olvidarse de sus problemas, divertirse y descansar. En resumidas cuentas, quiere muchísimo a sus hijos, quiere lo mejor para ellos, por ellos trabaja, pero... ¿no habrá perdido el punto de equilibrio? ¿No valdrá la pena un último esfuerzo (sacrificio) por convivir con ellos?
Hasta aquí la cita. No tengo el nombre de la autora (si, lo escribió una mujer) porque se me olvidó copiarlo. Me llamó la atención porque conozco varios casos de personas cercanas a mí a los cuales, sus madres y padres, no pasaron de ser más que las figuras de autoridad y sustento en sus vidas. Como hombre y como "amateur" en estudios de psicología puedo asegurar que es igual de importante la presencia de la figura paterna como de la figura materna, sin embargo, en la etapa de la infancia considero que la figura materna es esencial para que el niño(a) adquiera ese valor por sí mismo que le brinde el amor y la seguridad de la madre.
Desafortunadamente la sociedad actual ha perdido un poco este rumbo. Entre las primeras feministas que querían ser iguales a los hombres -pero que bestias, ¿no?, gracias a Dios somos diferentes, fisica, psicológica y sentimentalmente, lo cual nos posibilita- y las actuales que preponderaron la superioridad e independencia (cuestión, por demás, estúpida que abordaré en otra columna) de las mujeres, la cosa se fue pintando de negro. Aunado a esto, la confusión generada en el interior de ese "Adán" primitivo que se durmió en sus laureles y prefirió seguir siendo como era en vez de modificar ciertos patrones (entre otras cosas) hicieron que vivamos la relación actual.
El problema no son las nanas, sino aquellas mamás que quieren tan sólo vivir con sus hijos y no convivir, sobre todo cuando esto implica renunciar a determinados gustos y preferencias. El problema no es el machismo o el feminismo, ambos son estupideces que impiden una sana relación con el otro que nos complementa; el problema es la ceguera autoprovocada -con una vendita muy egoista en los ojos-. Hay varios problemas. Cito tan sólo algunos de ellos con el propósito de que podamos ir haciendo conciencia.
Yo doy gracias por la familia que me tocó. Quizá no sea la mejor, pero se esforzaron por serlo. Mi madre estuvo siempre, a pesar de trabajar jamás faltó una tarde o en un festival. Mi padre, por más tarde que llegara a la casa, no hubo una noche que no se acercara a mi cama y le preguntara al pequeño Luisito, que tal le había ido; o que los fines de semana no me llevara de excursión o a volar papalotes. Yo doy gracias porque se que no es lo general y menos en estos tiempos donde es más fácil echarse para atrás, romper un papel o postergar las cosas, a luchar por un sueño. A mi me toca darle eso y más a mis hijos en un futuro. No olvidemos que somos el reflejo de nuestras frustraciones y anhelos que se fueron forjando desde que eramos niños.
Hoy agarré este tema que, pareciendo tan trivial, me parece que tiene mucha tela de donde cortar. ¿Tú, que piensas?

una pequeña idea planteada para reflexionar, 02 agosto 05
VARGAS GÓMEZ

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola niño!! muy buena columna , es triste ver que se estén dando esos casos en las "familias" , xq no se pero para mi todos los casos citados anteriormente no forman una familia solo son un grupo de personas que viven bajo un mismo techo, ya que no existe la comunicación con los hijos muchas veces me ha tocado ver que los padres no tienen idea de quienes son sus hijos, que piensan, que quieren, que les gusta y luego ellos se preguntan xq sus hijos no confían en ellos?, xq le dan mayor importancia a los amigos que a ellos y esto es por la simple razón de que no les prestan las suficiente atención. Ojala y muchas personas con hijos y sin hijos eviten el ser unos padres así, Porque los padres es una parte muy importante del crecimiento de una persona.
Muy buen tema ehh

Anónimo dijo...

excelente articulo, asi es trivial pero hoy en dia de absoluta importancia felicidades como siempre eliges los mejores temas bexos

lizette